lunes, 22 de mayo de 2017

Azafata de vuelo

“Es confuso. Imagínese. ¿Ve usted la escena puede imaginarla? Yo esperando en el aeropuerto. La tienda. El escaparate. Toda usted y su libro. Lo compro y lo ojeo. Me atrapa. Entro en el avión. Y aparece usted. Abro el libro y lo compruebo. La miro. Y a usted. El libro. Y a usted. Camina por el pasillo y pongo el libro en la perspectiva por donde usted viene. Las comparo. Pelo suelto. Pelo recogido. Las miro. Sonríe mientras pasa. Seria en la fotografía. Pero sí, no hay duda, es usted. Y despegamos. Leo y la veo. Me habla, se mezcla su voz con su letra. Me lee la novela. O acaso me pregunta si quiero algo. Y hay niebla. Es todo confuso, pero el vuelo es entretenido y rápido. El tiempo pasa y cuando quiero darme cuenta no sé si es un sueño o no.
¿Quizás me haya dormido en el banco de la terminal mientras veía su fotografía o leía su libro? ¿Es posible que haya perdido el avión?”




Hace unos días, el año pasado si mal no recuerdo, un amigo me escribió este texto. En realidad, esto es sólo un extracto, pero permítanme que el resto de la historia me la guarde para mí. Que compartir es bueno, sí, pero tampoco hay que excederse en la generosidad, que después uno se queda sin nada y empieza a buscar culpables.
Unos días después, ya en este año, alguien me preguntó por qué en las entrevistas que me han hecho nunca se menciona nada acerca de mi trabajo como azafata de vuelo. No lo sé, respondí yo, porque no sólo lo digo, sino que además presumo de ello.  Pero, en honor a la verdad, diré que, hasta hace bien poco, no lo hacía. Ahora les explico…

Desde que he sacado a pasear mis "Amapolas en octubre" por las calles y escaparates decorados con espumillón y bolas doradas, he acudido a varias entrevistas. Puede que el entrevistador no haya vislumbrado en mi mirada el mismo brillo que mis ojos no pueden disimular cuando hablo de libros, de literatura o de las emociones escritas, y que ésa sea la razón por la que decide pasar por alto el detalle de que llevo veinte años paseando por pasillos suspendidos en el aire.

Pero volar no es sólo un trabajo, es una forma de vida. El medio para poder estar ahora en el lugar en el que estoy (puede que surcando el cielo que hay sobre sus cabezas), y sólo puedo estar agradecida. Aprendí a ignorar las sonrisas de medio lado que se dibujaban en el rostro de aquellos a los que, después de contarles algunas anécdotas aeronáuticas, les confesaba que a mí lo que de verdad me gustaba era escribir. Hasta hace bien poco, sus respuestas solían ser muy parecidas: mirada de arriba abajo, levantamiento de cejas, movimiento de cabeza asintiendo repetidas veces y su silencio más absoluto después de haber soltado un: Ah, ¡qué bien!, cargado de incredulidad y de sorpresa. Así que decidí seguir escribiendo en mi mundo, mientras compartía anécdotas simpáticas acerca de mi trabajo en público. Y sí, ya sabemos que los asientos son muy estrechos, también lo son para nosotros, y no, no podemos hacer nada para que sean más cómodos. Sonreír, eso es todo.

Ahora, cuando me encuentro con alguien conocido que acaba de saber acerca de mis novelas publicadas, dicen extrañados: ¡No sabía que escribías! Sí, pienso yo, sí que lo sabías, pero te centraste en mi uniforme, en el pañuelo de mi cuello y en la bandeja que llevaba en la mano.

Soy azafata de vuelo. Llevo siéndolo mucho tiempo. Algún día me gustaría colgar las alas, disfrutar de la rutina que tiene la gente normal (así llamamos a los que no trabajan en aviación), y dedicarme a pasear por los aeropuertos sin llevar puesto un uniforme. Algún día. No sé cuándo. La aviación me ha dado mucho de lo que soy, fui una de las afortunadas que creció en Spanair, en paz descanse, y después de muchos años, aún hablo en tiempo presente de aquella época. Inolvidable. Irrepetible. Tengo la suerte de mantener una amistad y un cariño con muchos de los que allí conocí hace dos décadas (¿cuántos pueden decir lo mismo de sus viejos compañeros de trabajo?). Y, créanme si les digo que, en el gremio de los auxiliares de vuelo, azafatas, aeromozas o como quieran llamarnos, hay vidas muy interesantes, personas increíbles y tontos de remate. O sea, como en todos lados.

Empecé a escribir hace mucho, cuando todavía no me soñaba azafata, y mucho menos escritora, pero fueron los folios de las habitaciones de los hoteles los que me enseñaron a contar muchas de las historias que hoy relato. Escribo en las ciudades por las que paseo, y también las describo, incondicionales compañeras de vida. Y ahora, cosas del destino, viajaré como pasajera hasta Italia y Bulgaria para presentar allí mi novela. Otras veces escribo en vuelo, mientras ustedes se rompen el cuello intentando conciliar el sueño. Invento la vida de algunos pasajeros y las razones de su viaje, e intento que mi imaginación les regale una realidad muy diferente a la que tienen. Quién sabe si alguno de ustedes ha sido protagonista de una de mis historias. Quién sabe si yo he sido protagonista de alguna de las suyas.




Quién sabe si, tal y como escribió mi amigo, un día se cruzarán en un avión con una azafata que, por arte de magia, salta a la contraportada de su novela recién comprada en el kiosco del aeropuerto.

Quién sabe.

Quizá Cortázar hubiera contado mejor esta historia, pero yo soy Laura, una escritora española y además soy azafata, no esperen tanto de mí.   



Gracias N.












9 comentarios:

  1. Pues yo fui lector tuyo antes de saber esto. Espero que se me cumpla lo de tu amigo, ojalá un día me tope contigo. Revolucionaré a los demás pasajeros... Perdón de antemano.

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  2. Me paaaaaarto. Imagino la cara de algunos de tus seguidores. Esto es una divertida "salida de armario" por llamarlo de alguna manera. Qué bueno. Bravo Laurita, bravísima.

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  3. Qué decirte Laura,comprendo perfectamente lo que dices. También yo escribía antes de ser azafata, desde mis diez años en concreto y el otro día encontré la prueba. Hemos pertenecido a la misma compañía, Spanair, que ha moldeado una parte importante de mi personalidad, he recibido las mismas miradas y el mismo desinterés, incluso a día de hoy por personas que no entienden que escriba, y mucho menos sobre muñecas. ¿Sobre muñecas? En realidad son trabajos de investigación, de pura investigación donde no había nada antes, parto de cero y eso sólo lo saben los que se mueven en los mismos círculos o los que se interesan por lo que les contamos. Dices que quieres tener la vida rutinaria de alguien que no vuela y yo te digo, que eso está bien, muy bien, pero desde mi propia experiencia, ya que desde 2012 tengo los pies en la tierra, te propongo que disfrutes de cada instante en las nubes, de esas nubes que también considero mías y que ya no puedo tocar, de ese cielo que de alguna manera la vida ya no me permite surcar. Aquí abajo todos estarán siempre esperándote; pero la vida allí arriba.., yo sé lo que es y para nosotros que nos hemos formado en el aire es muy difícil aguantar con los pies pegados a la tierra. Es como si nos faltara el oxígeno. Que contradicción, ¿verdad? Tienes la suerte de poder saborear el triunfo de tus libros aquí abajo, pero además puedes compaginarla con tus éxitos a diez mil metros de altitud, con tu sonrisa, con tu respeto al pasajero y tu amor a esta profesión de azafata. Laura, te deseo los éxitos más grandes y más hermosos, te deseo el triunfo y deseo que siempre lleves esa sonrisa colgada en tus labios. Te mereces lo mejor. Un beso.

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    1. Hola Salud. Gracias por tu cariñoso mensaje. Tienes mucha razón, pero la verdad es que soy de esas personas que disfrutan cada día, y no esperan a que llegue mañana, aunque mis planes futuros sean otros.
      En cuanto a lo que dicen los demás acerca de tus ilusiones, ni caso. Tú haces lo que te gusta, y te apasiona hacerlo, eso es lo único importante. Eres privilegiada sólo por esto.
      La gente se deja condicionar por las etiquetas y los clichés, pero aquí estamos nosotras para demostrar que se equivocan. Lo importante es que hagamos lo que nos gusta. Yo lo hago. Esté arriba o abajo... ¿Mañana?... Eso es otra historia.
      Un abrazo fuerte y felicidades a ti, por un trabajo tan precioso.

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    2. Un beso muy grande y espero verte por algún lugar, en algún momento... ¿dónde? Da igual, seguro que un día de estos nos encontraremos. Gracias por tus palabras y, efectivamente, a disfrutar del día a día.

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  4. Hace muy poco tiempo tuve la suerte de encontrarte en la red. Muy poco tiempo que leo tus publicaciones. Espero con ansia leer tus Amapolas en Octubre. Mientras tanto me deleita inspirarme con tus letras y recordarme que a yo también quiero escribir... Es difícil vivir sin una pasión clara y determinante. Mientras trato de encontrarla, te felicito y te envió un saludo afectuoso desde México.

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    1. Buenas tardes Pily, qué agradable sorpresa descubrir seguidores al otro lado del charco. Te mando un abrazo fuerte y, hasta que llegue en papel, puedes conseguir los libros en formato digital. Gracias por tu tiempo. Recibe un abrazo enorme desde España.

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  5. Me ha encantado esta entrada tuya, tan personal. Me siento un poco identificada contigo, imagino que como todos los que tenemos un trabajo que nos proporciona el sueldo y, además, escribimos -en mi caso menos que tú- como relajo, liberación, para compartir experiencias. Yo también me inspiro, muchas veces con demasiada exactitud, en hechos reales. En mi caso, lo siento, soy más cobarde, o precavida y... no doy la cara. Felices vuelos.

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    1. Hola Zarzamora, no creo que se trate de valentía o de ser precavido, hay un momento en el que todo cuadra y simplemente decides contar la realidad. Sobre todo cuando en las entrevistas se omite... pero de ahí a hablar de uno mismo... eso no creo que lo haga. Esto es sólo un trabajo. Todo tiene un momento. Te mando un abrazo y te deseo un feliz año 2017. Hasta pronto.

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