lunes, 13 de marzo de 2017

Cuando descubrí que estaba viviendo una vida hygge

                A estas alturas imagino que ya sabrán lo que significa Hygge, la nueva moda que llega a nuestro país desde Dinamarca, y que se pronuncia como a usted le dé la gana, porque entenderlo tampoco lo van a entender a no ser que explique en qué consiste esta tendencia tan in (¡uf!, me temo que este va a ser uno de “esos” artículos). No me alargaré contando lo que pueden leer en centenas de páginas en Internet, pero les hablaré acerca de cómo puede afectar a su rutina que alguien decida que su estilo de vida está patentado. Todo empezó con la ONU, que fue el organismo que decidió colocar a Dinamarca en lo alto de la lista de los países más felices y, para justificar tal nombramiento, los daneses tuvieron la generosidad de compartir su secreto con el resto, los no tan felices. Así fue como los estantes de todas las librerías del mundo, se llenaron de numerosos volúmenes con portadas diferentes entre ellas, aunque compartiendo el mismo título: Hygge.
Antes de escribir este artículo me pasé una mañana hojeando varios ejemplares, y me topé con varias modalidades para explicar en qué consiste esta moda. Algunos libros sólo tienen fotos, armonía y belleza perfectamente iluminadas; otros incluyen recetas de platos daneses, postres en su mayoría y, por último, también encontramos la opción de esnifar el aroma de madera impregnado en sus páginas, lo que nos transporta de inmediato a lo que imagino que será un bosque danés. Todos ellos coinciden en la explicación de Hygge, y las pautas que hemos de seguir para poner en práctica esta felicidad de la que tanto se habla. Tomé algunas notas mentalmente y a continuación mencionaré las que, a mi juicio, son las más importantes… Apunten.
Es fundamental pasar un día acurrucado en la cama bajo el edredón o con una manta en el sofá, mientras disfrutamos de un buen libro (buen libro, repito, no vale que sea malo) y una taza de té. Podría ser café, sí, pero el té es más Hygge. Es imprescindible elegir bien la ropa para el acurrucamiento y no, no estoy de broma. De hecho, vestir ropa cómoda está considerada como una de las normas más importantes a la hora de poner en práctica esta tendencia. Calcetines gordos, jerséis amplios de lana, pantalones sueltos… Ropa de ir por casa, que dirían nuestras madres. Lo preferible es salir lo menos posible a la calle, lo que me resulta comprensible, porque por allí arriba el clima no es muy mediterráneo que digamos. Así que, una vez estemos vestidos con ropa cómoda en nuestro hogar (que no es lo mismo que casa), encenderemos unas cuantas velitas (que no es lo mismo que velas), atenuaremos las luces, pondremos música suave, y nos prepararemos para disfrutar de una velada que podrá ser a solas o en compañía. Si elegimos estar a solas entonces nos centraremos en aquello que nos dé tranquilidad, tomaremos una copa de vino, veremos una película, haremos un puzle, o nos sentaremos a escuchar música… lo que sea que elijamos estará bien, siempre que lo hagamos con una sonrisa de satisfacción, porque somos conscientes de lo importante que es disfrutar de los pequeños detalles. ¡Qué felices somos! ¡Qué alegría! ¡Qué suerte la nuestra! Y si por el contrario, elegimos pasar una velada rodeada de amigos, es importante que aprendamos a filtrar a los invitados, porque no se trata de hacer una macrofiesta, sino de pasar una velada agradable en la que nuestras conversaciones se mezclen con el tintineo de las copas, con el chisporroteo de la leña (tener chimenea te convierte en un Hygge muy top) y con la música melódica de un piano de fondo… charlaremos alrededor de una mesa que estará decorada para la ocasión, con flores frescas en una jarra de agua, por supuesto, y a la que haremos fotos que subiremos a las redes para competir con el resto de los #hygge de Instagram… El menú puede variar, cocinar como lo hacían nuestros antepasados es una buena opción, la cocina de la abuela diríamos en España, pero también es muy acertado elegir una tabla de quesos y acompañarla con un buen vino… Y fue justo aquí, al llegar este punto, cuando cerré el libro y dejé de leer de inmediato. Salí de la librería entre aturdida y decepcionada, las preguntas se agolpaban en mi cabeza ocasionándome un mareo insoportable. No sólo había descubierto que soy danesa, sino que, además, según la ONU, soy una persona feliz. ¿Cómo no iba a hablar de esto?
Descubrir que mi forma de vivir la vida hasta la fecha no sólo tiene un nombre, sino que también tiene una calificación excepcional en el ranking mundial, es algo que no me ha dejado indiferente. Me ha costado asimilar mi felicidad, y después de darle un par de vueltas al asunto, he empezado a preocuparme. Ahora que ya sé que mi vida es Hygge, me pregunto qué pasará con mis días de Il dolce far niente, ¿son compatibles?, ¿tengo que elegir uno solo? Es increíble, puedes llevar toda la vida haciendo algo y de pronto alguien aparece, le pone el nombre a tu rutina, y toda tu alegría se esfuma de un soplido. No es lo mismo hacer lo que te hace feliz que hacer lo que te dicen que tienes que hacer para ser feliz, al menos en mi caso, porque si tengo que hacer algo por obligación se me quitan las ganas. Es como lo de comer aguacate, antes me encantaba, pero desde que he descubierto que ahora no eres nadie si no desayunas una tostada de pan integral con aguacate, le he empezado a coger un poco de manía…

Sólo espero que esta moda Hygge no tenga en mí un efecto contrario, y que por su culpa ahora la infelicidad se cuele por la puerta de madera de mi casa. De madera, sí, esto es importante.  

10 comentarios:

  1. Con la cantidad de artículos que he leído del Hygge este y por fin uno con el que me siento identificada. Muchas gracias tocaya. Que bien empezar el lunes leyendo algo tan divertido y de verdad.

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  2. Jajaja... creo que eso nos ha pasado a muchos españoles, sin nada que criticar a los daneses pero la vida en las ciudades depende de las ciudades. Aquí la felicidad es más de calle y tapeo, es otra forma de vida. pero el artículo chapeau, me ha encantado. Jordi

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  3. Tronchante, no, yo confieso que vivía al margen de tal concepto, ni mucha ni poca idea de tal palabra, ni de que las pasarelas de vocabulario IN la hubieran puntuado tan generosamente.
    En cualquier caso, también estoy sorprendida por mi involuntario cumplimiento de las normas que como dice el artículo,te dan título preferente en esta moda? a medida que avanzaba en la lectura, mis ojos se agrandan en tamaño y expresión, las carcajadas aumentaban y una extraña sensación de desasosiego sostenía mis entrañas. Sigo sentada, me río, saboreo un Mar de Frades,esta vez toca blanco albariño...Y, sigo mi rutina dejando que mi parte danesa y mi parte española se hagan el guiño de la complicidad.

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    1. Gracias África, me alegra haberte arrancado una sonrisa... ;)

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  4. Leer este artículo y las carcajadas que ha conseguido sacarme, debería incluirse junto a las vecinas, la ropa cómoda, etc, para sertirse "hygge"

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    1. Qué bien... Me encantan las carcajadas.
      Gracias.
      ;)

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  5. No me puede gustar más Laura. Ya era hora de que alguien escribiera algo al respecto y, cómo no, tenías que ser tú. Que sepas que he disfrutado cada una de tus líneas, muchas de ellas acompañadas de verdaderas carcajadas. ¡Gracias!

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    1. Cómo me gusta lo de reír a carcajadas... Gracias.
      :)

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